
La cámara es muy voluminosa.
Hace poco casi pasaba desapercibido el lanzamiento de una nueva cámara en España. Se trataba de la Fuji Instax 210, una máquina instantánea que utiliza una tecnología muy similar a la de las extinguidas polaroids. No lo dudamos ni un momento. ¡Teníamos que probarla! En plena agonía de la fotografía analógica puede convertirse en la última de su clase.
Desembalar la Fuji Instax 210 es como sufrir un ‘déjà vu’. Al coger en las manos esta enorme cámara uno siente que ha vuelto a los 90, pues su diseño recuerda al de los gadgets de la época. Lo primero es ponerle las cuatro pilas que utiliza y desempaquetar la película Instax 200 de 800 ISO y 10 exposiciones. Al venir en un casete la carga es una operación muy sencilla.
Las velocidades de disparo oscilan entre 1/64 y 1/200. Es de suponer que el obturador se ajusta en función del tipo de escena que indicamos: Luminosa, normal, y oscura. También realiza un ajuste de la exposición de 2/3EV —¿lo hace en función del tipo de luminosidad que seleccionemos?—. El flash, que se dispara sólo si lo activamos, tiene un alcance máximo de tres metros. Teniendo en cuenta todo esto llegamos a la conclusión de que podemos realizar 12 ajustes para hacer una foto. Aunque lo parezca la cámara no es realmente automática .
Llevar semejante trasto por la calle le da a uno un cierto aire excéntrico. Hay que tener en cuenta que este pequeño monstruo pesa lo que una réflex, por lo que conviene pensárselo dos veces antes de comprar esta máquina. Puede ser un amor de un solo día. Por otra parte son pocos los establecimientos que venden los carretes que utiliza. No está de más comprar unos cuantos carretes si nos da por hacernos con ella.
Cuando llega el momento de disparar uno se siente mucho más dubitativo que si dispara con una máquina digital. Quizá será por la incertidumbre que supone hacer un conjuro que nos proporcionará una imagen palpable —o quizá porque cada foto nos cuesta un euro—. Cuando vencemos las dudas un sonido mecánico nos indica que algo ha pasado. Una foto sale por la parte superior de la cámara. Al cogerla con impaciencia vemos que no se ve nada, pero la magia está sucediendo. Al poco en la superficie blanquecina adivinamos las primeras siluetas. Emocionante.
Las fotografías del sistema Instax no son cuadradas como las de una Polaroid, aunque tienen un tamaño muy similar. La superficie de la imagen mide 99×66mm, por lo que estamos ante un formato panorámico. Los colores parecen algo más vivos que en el sistema Polaroid, aunque no mucho más. Pero lo más importante es que siguen teniendo un aire profundamente nostálgico. Se mantiene también un área en blanco en la parte inferior de la imagen para que podamos escribir sobre ella.En la nota de prensa que Fuji ha distribuido al lanzar la máquina hablan de “su firme compromiso con la fotografía analógica”. No parece un farol. Esta empresa es una de las que más siguen apoyando la fotografía química. Es de suponer que esta tímida maniobra quizá sea un globo sonda para ver que tal reciben la cámara los huérfanos de Polaroid. Además, en el catálogo de Fuji se encuentran cámaras de 35 mm más o menos recientes como las maravillosas Klasse W o la Natura Classica.
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