Fotografos, Rayados de luz

El espectáculo me interesa, pero no me ‘punza’
Roland Barthes

François Snelders, deseo de habitación

7 Comentarios 29 Diciembre 2009

Un artículo de Jose Ángel González

No es caprichoso especular que Ansel Adams, padrino de la panorámica ornamental, abominaría de François Snelders. El primero gustaba de alzar la voz para dogmatizar que la fotografía “no es un accidente, es un concepto”, idea que contradice cada uno de los muchos e insufribles calendarios con su obra que decoran las salas de espera de gestorías de fincas, gendarmerías, consorcios de transporte de mercancías, agencias de mayoristas de viajes y otras antecámaras de tortura emocional.

Al contrario, Snelders se confiesa con una voz de afónica y ajena a la sobrebia (“tengo muy poco que decir y comunicar sobre mi obra”). Opina que sus fotos son apenas un ejercicio eterno y circular basado en “el registro de la luz”. Es decir, percances aleatorios, estrategias oblicuas como las del músico Brian Eno y el pintor Peter Schmidt, que aplican a la creación el rigor del azar, la peculiaridad del momento, lo insólito e imprevisto.

Los factores que maneja este fotógrafo belga son esenciales: película analógica (diapositivas), revelado de proceso cruzado y nada de postproducción digital. En las piezas que acompañan este texto fue tan radical y sincero que ni siquiera midió la luz o utilizó trípode. Las exposiciones son de hasta medio minuto y siempre hand held, cámara en mano.

François Snelders

Night and Day. François Snelders

“Mis fotos”, dice Snelders, “son una simple alegoría del tiempo”. Demuestran, por ejemplo, que “el día y la noche son con frecuencia muy similares”. Esta Diana se titula, precisamante, Night and Day. Es una exposición múltiple cargada de una atracción magnética, de polos opuestos.

Nada de señales o miradas heredadas. Imposible etiquetar, referir la imagen a un evento (el cumpleaños, la muerte, la caída…) o una retórica (la soledad, el ímpetu, la pobreza…). Como casi todas las fotografías de Snelders, ésta es incorpórea y su flamante fulguración es de hielo seco.

François Snelders

François Snelders

Otra doble exposición, disparada en noviembre, con 20 segundos de velocidad en ambos lados del tablero. A la derecha, una mujer telefonea en Utrecht (Holanda); a la izquierda, un grupo de personas avanzando con determinación en la estación central de la ciudad del fotógrafo, Gante (Bélgica).

La impresión es flotante y ambarina. El artista no ha querido titular la pieza, pero, al ser preguntado, se refiere a la “rutina cotidiana”, a “las fuerzas que parecen dominar esa rutina” y de las cuales él mismo se siente víctima.

“Quizá la llamaría L’appel (la llamada), por la mujer que habla por teléfono, pero eludiendo la referencia a l’appel de Dieu (la llamada de dios), el momento en que Dios nos llamará a todos, vivos o muertos, hacia el Cielo. Como ateo convencido, prefiero la opción del teléfono”, dice con humor.

François Snelders

Dawn. François Snelders

François Snelders

Late Afternoon. François Snelders

Una mañana del verano pasado recorrimos con el fotógrafo el hermoso humedal de Bourgoyen, aún más soprendente por estar insertado en el nucleo urbano de Gante. Hice muchas fotos, decenas (sólo a una otorgaría la salvación). Cuando veo ahora Dawn y Late Afternoon de nuestro compañero de travesía, me considero un ciego ante su aldeana naturalidad al saber estar a solas con su cámara y la “modesta eternidad”, como diría Borges, de su mirada.

En La cámara lúcida, Roland Barthes emplea una argumentación de inmensa ternura para justificar la diferencia entre una buena foto y la foto. Mientras la primera es “visitable”, la segunda es “habitable”. Provoca en el espectador lo que llama “deseo de habitación”. No se trata de una aspiración empírica. Tampoco de un antojo onírico. Es un empuje, una abstinencia.

Este par de imágenes remueven en mí los sentidos del tiempo y el espacio. La primera (una Diana pinhole, triple sobre exposición de 15+5+5 segundos, con pequeños paneos a derecha e izquierda), le sirve a Snelders para recordar al gran Paul Strand cuando atribuía la “intensidad de la visión” al poder de la cámara, aquí acentuado por el eficaz desenfoque, para crear atmósferas.

No hay vana consideración artística (“el único mérito del fotógrafo es elegir qué extraña nueva realidad ha producido la cámara”, dice Snelders), sino la entrega de una mirada que no proviene de ninguna otra y nos hace cómplices del dulce delito de metamorfosear la situación, la vida, el sendero…

François Snelders

Me and the light. A double exposure, Diana. François Snelders

En su bitácora, este arquitecto de incertidumbres (en la foto anterior su sombra diurna lo es también nocturna) hace suyo un lema de Jean Cocteau: “No existe nada audaz sin desobedecer las reglas”. En alguna línea que dejó en el ciberespacio, añadió: “Acaso construimos el tiempo como una colección de elementos fragmentarios y no de imágenes completas”. En la respuesta a las preguntas que le envié para redactar esta reseña se mostraba confuso por la fascinación que siento por su trabajo e insistía en su condición inconclusa: “Son sólo fragmentos, pedazos… Al día siguiente siempre estoy convencido de que haré las fotos buenas la próxima vez”.

Tengo la convicción de que la mejor interpretación para los conjuros silenciosos de Snelders esté en dos líneas de la sensual y callada poesía de Blanca Varela:

porque ácido ribonucleico somos
pero ácido ribonucleico enamorado siempre


TEMAS SIMILARES:

Jose Ángel González - ha publicado 9 artículos en El Fotográfico.

Jose Ángel González es periodista. En los últimos 25 años ha trabajado en prensa, radio y televisión. Publicó el libro Bendita locura, la tormentosa epopeya de Brian Wilson y los Beach Boys. Ahora es coordinador de reportajes de la revista Calle 20, donde publica la sección de nuevos valores fotográficos Revelados. También hace fotos

Contactar con el autor

Tus comentarios

7 comentarios



   El sistema contabiliza como comentarios los trackbacks y pingbacks de cada entrada (que no se muestran) por lo que
   en ocasiones la cifra no coincide.

  1. Sublime, uno de los lomógrafos que merece la pena.

    He enviado el artículo a Menéame:
    http://meneame.net/story/francois-snelders-deseo-habitacion

  2. JG dice:

    Que yo recuerde Ansel Admas -al contrario del firmante, a lo que parece- nunca fue el sacerdote de ninguna secta, ni tuvo la mas minima disposición inquisitorial. Para poner el valor de alguien no es imprescindible, ni siquiera necesario, ridiculizar el de otro. Solo es mezquino.

    No veo nada accidntal en el trabajo de un tipo que expone, sobreexpone y vuelve a exponer cambiando parametros, exposiciones, etc. Trabajo duro…

  3. JG dice:

    Que yo recuerde Ansel Admas -al contrario del firmante, a lo que parece- nunca fue el sacerdote de ninguna secta, ni tuvo la mas minima disposición inquisitorial. Para poner en valor el trabajo de alguien no es imprescindible, ni siquiera necesario, ridiculizar el de otro. Solo es mezquino.

    No veo nada accidntal en el trabajo de un tipo que expone, sobreexpone y vuelve a exponer cambiando parametros, exposiciones, etc. Trabajo duro…

  4. Pepe dice:

    Por fin alguien se atreve a criticar al idolatrado Ansel Adams!


Tu punto de vista

Comenta

Twittografico

2009 | 2012 El Fotográfico | Algunos derechos reservados