Hay fotos que a pesar de su actualidad es difícil no verlas como parte de una secuencia. La imagen de un Berlusconi con la cara manchada de sangre tras la agresión sufrida ayer en Milán es una de ellas. Y no se trata de que la mayorías de las fotos difundidas por las agencias de prensa provengan de un vídeo de la RAI, no.
Las imágenes de Berlusconi sangrando cuentan la historia del declive del personaje. Un fotograma más de la última y trepidante media hora de una hipotética película sobre Il Cavalieri, quizá dirigida por Paolo Sorrentino. El cineasta que hace poco retrataba magistralmente la salida del poder de Giulio Andreotti en Il Divo. En esa película también aparecerían casi al final momentos como el de Berlusconi paseando juto a Barack Obama durante la pasada cumbre del G-20… con aquel fondo compuesto por las ruinas del Palazzo del Governo en la devastada región de L’Aquila. Imposible una metáfora más acertada del momento.
El Silvio Berlusconi de las imágenes de ayer no es Il Cavalieri, ni el magnate de la comunicación, ni el presidente populista de un club de fútbol, ni el machito que canta a las belinas… ni tan siquiera es el primer ministro de Italia. Es un hombre de 74 años asustado, que se siente frágil y sin energía suficiente para dar una imagen de entereza. Al observar el vídeo vemos que el cámara busca insistentemente cazar el primer plano del rostro herido de Berlusconi. Cuando lo encuentra no se topa con el personaje incombustible que conocemos, se topa con un hombre herido física y psicológicamente.
Es la imagen de un depredrador de masas derrotado por un individuo. Por un tipo que llevado por la locura, o por lo que sea, decide dejar de ser uno más en esa multitud a la que Berlusconi regala simpatías y odios. Massimo Tartaglia ha lanzado al personaje Silvio Berlusconi una reproducción del duomo de Milán, que se encuentra a pocos metros del lugar de los hechos. Ha acertado de lleno. Tanto que el personaje, al menos por unos momentos, ha desaparecido y sólo hemos visto al hombre.
Silvio, tan aficionado a las bromas pesadas, hoy es objeto seguramente de toda clase de chistes. Su amigo George Bush fue mucho más hábil y afortunado al lograr escapar del famoso zapatazo que le intentó propinar el periodista iraquí Muntazer al Zaidi. En el colmo de la buena suerte el propio Zaidi recibía hace poco otro zapatazo de un iraquí. Seguro que el bueno de George se partía de la risa en su rancho de Texas al enterarse. Pero a Silvio se le está acabando la buena suerte… y la gracia.
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la verdad que cuando vi ayer el vídeo pensé lo mismo “es un hombre de 74 años asustado, que se siente frágil y sin energía suficiente para dar una imagen de entereza.”
No estoy de acuerdo con el análisis. Berlusconi, el gran producto mediático, sigue ofreciendo espectáculo hasta en una situación como esta: cuando tratan de meterlo en el coche, él se sube al bordillo para que las cámaras puedan enfocar bien sus heridas. No intenta ocultar su rostro, no intenta irse del lugar. Más bien parece que le obligan a marcharse de allí.
Vaya análisis… Que cualquier personaje público es una persona. Y que una hostia que te tienes que comer sin ton ni son jode. Pues claro.
Lo del declive lo dice usted, porque Berlusconi sigue ganando elecciones.
A pesar de cualquier chiste, ¿quién cree que debe sentir verguenza, el maltratador o el maltratado?
Para Almudena,
Bueno, es difícil ponerse en la cabeza del personaje. Yo me refiero a lo que dice su rostros, que creo que es el de un Berlusconi mucho más desvalido que de costumbre.
Un saludo.
Para Fernando,
Hay gente que gana elecciones y está al borde del declive más absoluto. Me temo que Berlusconi es uno de ellos.
Sobre tu pregunta de si debe sentir vergüenza alguien por lo que ha pasado… Pues decirte que Berlusconi dudo que sienta vergüenza por nada. Por eso le votan algunos, por ser un caradura.
Un saludo.