Un río muerto que vuelve a la vida, tierras cultivadas que se funden con las aguas desbordadas, una atmósfera que recuerda su poderío a las tierras sobre las que se alza, y el hombre en el centro de ese drama. No sabemos con precisión hasta que punto somos verdugos y hasta que punto somos víctimas del clima. Pero una cosa es segura: la naturaleza insiste en empequeñecernos. He aquí un ensayo fotográfico en seis actos sobre esa bella tragedia.
Hasta hace pocos días sólo un pequeño puente y un discreto letrero recordaban al viajero que por aquí pasa el río Jabalón. Hoy es más que evidente.
Las aguas corren veloces y turbias delatando un escenario que tiene algo dantesco. Las huellas de la furia desatada brillan ante un Sol invernal intenso.
Primero fueron unas gotas, luego una densa lluvia, y finalmente un caudal salvaje. La sequedad de la tierra, tras tragar esas aguas, se transforma y surge un barro abundante y profundo.
Es difícil discernir en que lugar empieza y termina la orilla del río resucitado. Las aguas vuelven poco a poco a su cauce y los brotes de los cultivos inundados milagrosamente verdean.
Una construcción a escasos metros del río delata que la memoria del hombre casi siempre es corta. Un cielo inmenso y barroco resalta nuestra fragilidad.
Los campos se muestran amables y domesticados. La atmósfera da una tregua y deja pasar los rayos del Sol para celebrar la entrada del nuevo año.
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Hola Ramón,
ayer mismo estuve contemplando anodadado el desbordado cauce del Jabalón a su paso por Valdepeñas. Lo más que había hecho anteriormente con este río sin término medio era meterme con la bici por su seco cauce.
Aquí hay 3 que hice ayer.
Salud.
En la OjoDePez viene un reportaje de la India, sobre la relación del ser humano con la selva (la foto de portada es de ese reportaje) que pone los pelos de punta en algunas fotos.
Lo acompaña un texto que trae perlas como esta:
“La preocupación que sientes tiene motivo, porque allí se libra una guerra breve pero significativa entre hombre y naturaleza, y la batalla de hoy aún no tiene triunfador. Éste es todavía campo salvaje. Y tu antropocentrismo te convierte en enemigo de la tierra. Las llanuras vacías, las aguas estancadas y misteriosas , sobre todo, la jungla: densa, caprichosa, abrumadora. A ninguna de ellas le agrada veros, ni a ti, ni a tu bolsa de viaje cargada de las semillas de tu civilización.”
Amitabh Nanda
Esto me hizo pensar en que si torturamos a la naturaleza, la asediamos, la matamos, es porque la tememos. Que un río, que una montaña, que una especie desaparezca, en el fondo de nuestros instintos es una victoria para nuestra especie, es una posibilidad más de seguir existiendo…
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