La corrupción suele estar impregnada de la estética del esperpento. En ese sentido el álbum de fotos de la boda de Ana Aznar, con el Bigotes y Correa paseándose a escasos metros de los huesos de Felipe II, se lleva la palma a la hora de simbolizar a la España choricera. Aunque la imagen que aquí reproducimos, publicada ayer en elpais.com, tampoco se queda coja.
Rafael Pereda, que así se llama ese señor que mira al techo, viene a ser el letrado oficial de algunos miembros del PP en Baleares. Ahora defiende a Jaume Matas. Vamos, lo que se viene a llamar un abogado del diablo. No sabemos si será que es fan de Tata Golosa pero el tal Pereda está un tanto obsesionado con los micrófonos. Sospecha que el juzgado puede estar lleno de ellos.
El caso es que, quizá para deslumbrar a su cliente y justificar sus honorarios, sigue los pasos de Francisco José Vieira, el juez que solicitó a la policía que pusiera patas arriba el tribunal que tramita el caso Gürtel buscando micrófonos. Sí, esa misma sala que ayer desestimó las escuchas telefónicas en ese caso por considerarlas un “delito” próximo a “la tortura inquisitorial”. Es una pena que letrados con semejantes dotes literarias no mencionen el grado de tortura que sufrimos los lectores de prensa al enterarnos que Camps le decía al Bigotes aquello de “te quiero un huevo”.
El instante captado por Tolo Ramón es sencillamente impagable, pues pone en evidencia el grado de pitorreo que se vive en algunos juicios. Ese guardia de seguridad que sonríe en la foto, no sabemos si con cierto grado de vergüenza ajena ante la actuación del letrado, se ganó ayer el sueldo sirviendo de escolta al ex presidente de Baleares en los juzgados, tal y como se pudo ver en todos los telediarios. ¿Para cuando un grupo en Facebook sobre guardias civiles, policías, y vigilantes obligados a darle la mano a políticos a los que la mierda les llega al cuello? Ante semejante trago uno incluso entendería que esos currantes se limpiaran, como Bush, las manos en la ropa de los demás para aliviar su desdicha.
Y es que la foto puede verse como una suerte de documento sobre lo que la gente de a pie debe hoy soportar de los poderosos. No les basta con robar, no les basta con exhibir como energúmenos las riquezas que han robado, además montan toda clase de espectáculos para aparecer como víctimas de poderes invisibles. ¿Quién sospecha el abogado de Matas que ha colocado allí esos micrófonos? ¿Será el Mossad, la orwelliana policía del pensamiento, o alguna amenaza misteriosa digna de formar parte de una novela de Philip K. Dick? Ya lo decía Daniel Villegas al citar las palabras de Pascal Bruckner explicando la genial obra artística “Todos sois culpables, salvo yo”:
“el estado de victimización generalizado obedece a las condiciones de un contexto social donde el dolor y las víctimas del mismo han sido sacralizados debido a un proceso de infantilización del mundo y de irresponsabilidad subjetiva ante los avatares vitales. Este mecanismo, de carácter psicopatológico en sus versiones más obsesivas, “(…) permite desplegar sobre los seres más cercanos una tenaz voluntad de poder (…) La más mínima adversidad se engrandece entonces hasta alcanzar el tamaño de un acontecimiento mayor; se convierte en un bastión donde uno se encastilla para dar lecciones a los demás, mientras uno mismo se zafa de las críticas (…), pretenderse perseguido se convierte en una manera sutil de perseguir a los demás”.
Pues eso.
Actualización (27 de marzo): elmundo.es publicó ayer un artículo con una foto similar a la que aquí reproducimos. En esa información se dan algunas pistas sobre la teoría conspiratoria del abogado.
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¿No es un poco atrevido decir que el letrado del PP es el abogado del diablo? ¿Tan malos son? Vergonzoso…
En cuestión de cinismo, los políticos en general, ganan por goleada al maligno.
Y a cambio de unas “pesetillas” (ironía).
Impresionante historia, lo que puede dar de sí la españa rancia postfranquista. Es un no-parar-de-reír! Si lo hemos vivido ya con Moradelo y Filemón, por favor! Van a ser tan reales como la vida misma!