En los últimos tiempos nadie ha hecho tanto por que nos interese la fotografía como los agentes del CSI. Es ver a Grisson ahí, disparando su réflex último modelo sobre los cadáveres, y automáticamente quieres ser fotógrafo. ¡Qué clase! Los responsables del Museo d’Orsay deben de saberlo y por eso tienen en cartel una exposición sobre escenas del crimen.

La exposición recopila documentos como el retrato policial de 1919 del criminal Désiré Landru, conocido como 'barba azul de Gambais'
La mayoría de las obras expuestas son cuadros más o menos dramáticos, pero también han colgado fotografías tan escalofriantes como la del señor Canon, un muerto de 1914. Al verla publicada en El País, me llamó la atención el encuadre. Igual que Grisson reconstruye delitos, con imágenes como ésta es fácil seguir los pasos del fotógrafo que la tomó: se subió encima del armario, estiró el brazo para que el plano del cadáver fuese absolutamente cenital y… ¡click!

Foto del señor Canon. (Fotografía métrica de la escena del crímen del asesinato del Señor Canon. Prefectura de la Policía de París, 1914).
Cuando en una foto sale un muerto o una persona que se está muriendo, uno se siente mal si considera los detalles estéticos de la imagen. Se supone que con un contenido tan dramático, prestar atención a la forma es de una frivolidad maleducada. Aunque, gran ironía, no hay mayor instante decisivo que el de la muerte. Dándole vueltas a este asunto se me ha ocurrido lanzar una pregunta al aire. ¿Puede ser hermosa la imagen de la muerte o sólo alimenta el morbo del que está mirando?
Para responder he rescatado una de las fotos más escalofriantes y bellas que he visto en mi vida. El autor es Enrique Metinides, un reportero mexicano que perseguía a las ambulancias del DF para hacer fotos a las víctimas. Sus imágenes son una crónica cruda y documentadísima de la muerte, con títulos como: “cuando cruzaba avenida Chapultepec a la altura de la calle Monterrey, alrededor de las 14:00 horas del domingo 29 de abril de 1979, la señorita Adela Legarreta Rivas fue arrollada por un automovil Datsun color blanco. Su cuerpo quedó prensado contra un semáforo”. A pesar de que la fotografía es espeluznante, supongo que todo el mundo estará de acuerdo en que hay cierta belleza en esta muerte, un ligero toque hollywoodense, ¿verdad?
La exposición de París no sólo se recrea en los asesinados, sino también en los asesinos. Fotografiar al autor de un crimen es una forma bastante menos truculenta de asomarse al abismo de la muerte, y por eso siempre ha habido fotógrafos avispados, más o menos serios, que han buscado el brillo homicida en sus modelos. Si nos ponemos pejigueros… ¿hasta qué punto es moralmente lícito conceder el honor de posar a un asesino? La pregunta me recuerda a los estremecedores retratos que Richard Avedon hizo de Dick Hickock y Perry Smith, los asesinos de A Sangre Fría.
Estos dos señores se habían cargado a un granjero, su mujer y dos de sus hijos… ¡y fueron retratados por el mayor fotógrafo de moda de la época! ¡El mismo que había retratado a Marilyn Monroe! Desconozco si estas fotos están en París, pero sé que hay otras parecidas. El caso, señores, es darle un poco de vueltas a la cabeza y tratar de responder a la pregunta del millón: ¿dónde está la línea que separa el amarillismo de la fotografía de muertos? Me encantaría ser capaz de responder, pero si lo fuera nunca habría escrito un artículo tan largo. Ni tan lleno de interrogantes.
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Hace más de veinte años, en Arles, vi una exposición de retratos de la morgue, no le encontré “belleza”. Pero en cambio me viene a la memoria una fotografía de August Sander que retrata una anciana muerta que siempre he considerado bella. Por lo que se refiere a las fotografía de asesinos, también recuerdo aquella que Alexander Gardner le hizo a Lewis Payne (atentó contra el secretario de estado) en 1865 y que Barthes toma como motivo para enunciar aquel famoso “está muerto y va a morir” en su libro El acto fotográfico.
La Muerte, palabra a la que muchos tienen temor. Debemos recordar que es un suceso que tenemos y debemos esperar sin prisa y sin pausa, la muerte es simplemente la separación de dos entidades. Una de ellas se convierte en materia inerte, de la otra no tengo la capacidad para enunciar ¿qúe és y donde va?, supongo que es una especie de energía, más nada . Se los dice Juselino