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La Fábrica muestra 20 fotos de Diane Arbus, la coleccionista de horrores

4 Comentarios 31 Mayo 2010

Un artículo de Rafael García

Hace pocos días se ha inaugurado en La Fábrica una exposición de Diane Arbus. Es la primera vez que sus fotos se cuelgan en Madrid para una muestra monográfica, así que las expectativas generadas son casi tantas como los artículos que se van a publicar. Unos y otros contarán que se suicidó, que era íntima de Richard Avedon, que hizo retratos con flash a gente rara y que todo el mundo copió su formato cuadrado. ¿Por qué, entonces, escribimos sobre ella en El Fotográfico? Básicamente, porque casi cuarenta años después de su muerte, las fotografías que hizo todavía siguen despertando una fascinante intriga.

Hombre y niño en un banco. 1962.

En una disciplina como la fotografía, donde la proporción de autores conocidos con respecto al número de fotografías publicadas es irrisoria, Diane Arbus goza de un estatus envidiable. Arbus es una auténtica súper estrella, tanto en lo relacionado con su alcance mediático como en lo que respecta al tratamiento que exige. Los gestores de su obra han prohibido explícitamente a La Fábrica que cuelgue imágenes suyas en la web, como si fuese un caprichoso cantante de rock, y hace apenas un mes su retrato de dos gemelas idénticas fue subastado por unos 65.000 euros en Nueva York. ¿De dónde viene tanto interés publico? Evidentemente, no todo es fotografía.

Gemelas idénticas en Roselle. 1967.

En primer lugar, la firma Diane Arbus se suele asociar con cierta sensibilidad femenina. Este mismo mes se ha inaugurado en el Museo de Arte Moderno de Nueva York una exposición sobre fotógrafas donde ella figura como principal reclamo. Y en 2006, cuatro años después de haber interpretado a Virginia Woolf, la gran dama de Hollywood Nicole Kidman dio vida a Diane para la gran pantalla en Fur: an imaginary Portrait of Diane Arbus. Lo curioso del asunto es que Diane Arbus nunca fue especialmente feminista. Sus fotografías son muy sexuales, pero no militantes. Hay travestis, prostitutas y mujeres de circo, pero el punto de vista no siempre es solidario. Cuando le encargaron fotografiar a Mae West para la revista Show, por ejemplo, Arbus buscó el lado menos favorecedor de la actriz, como si quisiera regodearse en lo grotesco de su personaje. “Hay cierta inocencia en ella”, dijo después de la sesión, pero lo cierto es que cuando Mae vio las fotos casi se muere del susto y quiso denunciarla.

Mae West para la revista Show Magazine. 1965.

En su célebre ensayo Sobre la Fotografía, Susan Sontag dedica un capítulo entero a describir cómo Diane Arbus ensucia el bonito sueño americano. “La obra de Arbus es reactiva”, escribe, “contra el decoro, contra lo aprobado. Era su manera de decir a la mierda con Vogue, a la mierda con la moda, a la mierda con lo bonito”. ¿Está aquí el origen del mito de Arbus como mujer combativa? Yo he leído el texto de Sontag varias veces y me da la sensación de que al final la fotógrafa no sale bien parada en sus juicios. Ni ella, ni su sensibilidad: “A la dolorosa realidad exterior de pesadilla”, escribe, “Arbus dedicó adjetivos tales como ‘genial’, ‘espléndido’, ‘sensacional’: la admiración pueril de la mentalidad pop”. Con una mezcla tan explosiva de admiración y horror, era de esperar que al final Susan Sontag acabase posando para la fotógrafa. Y por suerte para ella, el retrato que le hizo junto a su hijo es uno de los que más humanidad reflejan de toda la obra de Arbus.

Susan Sontag.

El otro gran polo de atracción de la obra de Arbus, además de este supuesto feminismo, es su interés por lo monstruoso. Criada en una familia de multimillonarios que la protegieron del mundo real y de todas sus miserias, Arbus acabó siendo una especie de coleccionista de horrores, como si quisiera recuperar todo el sufrimiento que sus padres le habían escamoteado. Se hacía amiga de los marginados, les acompañaba a su casa y les hacía fotos. Esta curiosidad por el lado más sórdido de la experiencia humana acabó derivando en una suerte de marca de la casa, hasta el punto de que se puede hablar de un universo Arbus para describir a este tipo de frikis. No es casualidad que en la primera temporada de A dos metros bajo tierra, cuando el personaje de Brenda llega por primera vez a la funeraria, diga que “es una pena que Diane Arbus esté muerta, porque podría sacar fotos jodidamente buenas aquí”.

Hombre tatuado en una feria. 1970.

Es muy difícil llegar a una conclusión clara sobre lo que quería decir Diane con sus fotografías, pero una manera de lograrlo es analizando su legado. Lo maravilloso de Diane Arbus es que todos estos ingredientes, el horror y la compasión, el feminismo y el gusto por lo marginal, inspiraron a otras fotógrafas que llegaron más tarde. Ahí están las fotos de gemelos de Mary Ellen Mark, por ejemplo, o las fotos de strippers de Susan Meiselas. Si aceptamos que el valor del planteamiento de un artista reside en el alcance de su propuesta, está claro que Diane Arbus fue una grandísima fotógrafa. El hecho de que todavía haya autores que investiguen los caminos señalados por ella, en lugar de restarle originalidad, enriquece su obra con matices nuevos


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Fotógrafo y guionista, tiene un gran instinto para retratar toda clase de personajes con imágenes y palabras.

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4 comentarios



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  1. Nan Goldin y Diane Arbus. Las dos fotógrafas más imitadas entre mis compañeras de la escuela de fotografía. Se han convertido en un tópico fotográfico del siglo pasado, como el momento decisivo.

    Una pena, porque se pierde el valor original de sus obras.

    Buen artículo!

  2. Joseba dice:

    Solamente aportar que ese interés por lo monstruoso también se dio mucho antes en la pintura y mas en concreto en el barroco español, por ejemplo ahí están las obras de Ribera “La mujer barbuda” (1631), de Carreño “La monstrua desnuda y vestida” (1680) y todos los enanos y bufones que pinto también Velazquez.

  3. jse dice:

    sospecho que si Arbus levantara la cabeza, alucinaría con lo que has escrito sobre ella y reaccionaria como McLuhan en la peli de Woody Allen.
    En las fotos de Arbus no hay horror, no hay freaks, no hay ni la mirada sucia y ni los protas exhibicionistas de otros fotografos que han pasado por el mismo territorio.
    Hay gente normal mirada con normalidad, a la altura de sus ojos, sin desprecio ni prejuicios. Las dos gemelas, su foto emblematica, deberian bastar para que te lo pensaras todo otra vez…
    Parece que te crees mejor que ella y que los que salen en sus fotos.


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