Las fotografías de Megan Fox que Craig McDean ha realizado para el último número de Interview vuelven a conjurar a los que únicamente disponen como recurso el ataque contra todo aquello que les ‘huela’ a PhotoShop.
Convendría dejar claro de una vez por todas que el uso de retoque digital no es un atentado contra ninguna norma de representación, que desmerezca el trabajo fotográfico de quien lo usa y que, a lo sumo, sólo pone en entredicho el concepto de reflejo especular de lo real como promesa de realidad de que hasta ahora era aval la fotografía, como ya dijimos en su momento.
Entrar en este orden de la discusión ahora, acabaría por sacarnos de la que consideramos debe de ser la cuestión principal a la hora de analizar el trabajo de McDean como se merece.
Craig McDean es un reputado fotógrafo que ha trabajado elaborando campañas de Dior, Gucci, Yves Saint Laurent, Armani, Estee Lauder o Calvin Klein entre otros, siendo un habitual de las revistas de moda. Su campo de actividad es la fotografía publicitaria, y que por mucho arte que queramos ver en sus fotos, como en toda la publicidad, ésta verá condicionada su relevancia estética conforme a los beneficios que logre reportar, indistintamente de que queramos o no darnos cuenta de ello. En una situación análoga se encuentran los diferentes ámbitos artísticos, esto es, mediados por el mercado.
Como se advierte en el párrafo que encabeza la colección de fotos, Megan Fox aparece vestida de alta costura, ataviada con prendas de las firmas más prestigiosas y acompañada de ‘su doble’ como si entre ambas se estableciera una coreografía cómplice de tango.
En este sentido podríamos aclarar que siendo el tango una danza -todo él un genero musical-, donde tradicionalmente los roles sexuales quedan bien definidos en el papel que desempeña el hombre, que dirige el baile, y la mujer, que le sigue arrastrando su sensualidad, las imágenes de McDean suponen, en efecto, una transgresión, un tanto vana por otro lado, que queda adscrita a lo que se denomina ‘tango queer’, como un modo de bailarlo fuera de sus códigos canónicos entre personas el mismo sexo.
El concepto literario de ‘el doble’
El punto ‘caliente’ de las fotos -si es que podemos denominarlo así ya que estas aparecen sumidas en un ambiente aséptico- es que pese a que se han creado en condiciones que desde un punto de vista narratológico –habitación de hotel, pasillos de suelo ajedrezado, cortinajes y divanes aterciopelados-, invitan a la especulación en el sentido de una mitología sexual de corte ‘sádico’, de la mano de la aparición del ‘doppelgänger’ de la propia Megan Fox.
El ‘doppelgänger’ o doble perverso es una figura literaria de amplia tradición que, o bien como augurio de muerte en la tradición germánica o desdoble de la propia personalidad, como en Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson, a supuesto, la mayoría de las veces, la encarnación de los deseos no admitidos de los individuos y la proyección de sus anhelos más ocultos.
Si estos son los ejes motrices sobre los que se asienta el ‘relato’ de Craig McDean, como pretexto para el lucimiento de la propia Megan Fox y de los productos exclusivos que oferta, el resultado es sencillamente pobre, en tanto que pobre es el aprovechamiento de los recursos discursivos de que echa mano.
Tanto más si el propio McDean no toma como modelo –cosa que desconocemos- algunos de los exquisitos precedentes más notables a la hora de retratar ‘doppelgängers’ como motivo de fetichismo sexual, como es el caso de la obra fotográfica de Pierre Molinier, o las poses de cuerpos combinados, dibujados por Pierre Klossowski, a las que sin duda estas fotografías algo le deben.
Las fotografías de Pierre Molinier (1900–1976) tienen como objeto la búsqueda incesante para hallar su otro cuerpo, su cuerpo deseado. Cientos de fotografías, entre autorretratos y fotomontajes, son el resultado de décadas de trabajo donde el artista explora todas las opciones probables en el afán de recomponer su identidad fragmentada.
Es a finales de los años sesenta cuando Molinier construye una muñeca de escayola articulada, su ‘Poupée’, a la manera de las que construyera el surrealista Hans Bellmer en los años treinta, que le servirá como doble, con la cual se fundirá dando rienda suelta a su empeño de ser en otro cuerpo, un cuerpo inerte, pero que con la ayuda de la fotografía se torna vivo.
Con la ayuda de abundantes prótesis y maquillaje, Molinier, que ya era un anciano cuando realiza estas fotografías, -le podemos ver en acción en el cortometraje ‘Satan bouche un coin’ (1968) de Jean-Pierre Bouyxou-, logra recrear ese cuerpo múltiple, sexualmente ambiguo, genitalmente combinado, completo, fusionado, ni hombre ni mujer a través de la fotografía.
Para saber más
‘A Megan Fox lo que le pone es ella misma’ en divinity.es
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Un poco forzada la relación con Molinier, aunque muy interesante.
A mi me interesa mas analizar el porqué de ese rechazo visceral a la postproducción fotográfica que es percibida por el público general como “trampa” o “mentira”. A menudo cuando muestro mis fotos me preguntan “¿están retocadas?” según mi ánimo ese día les respondo “sí” o “están procesadas, como todas las fotos”. La gente piensa que eres buen fotógrafo si las fotos ya salieron así de la cámara ¿y cuando en la historia de la fotografía han salido las fotos de la cámara tal cual? De donde proviene tanta desconfianza a lo digital? tal vez porque la palabra “revelado” no se traduce bien al ámbito digital seguimos a la búsqueda de una palabra que defina bien el proceso que sigue a la toma fotográfica y que no conlleve un juicio moral sumarísimo e instantáneo por parte de gente que piensa que las fotos de Salgado (buen fotógrafo por otra parte) están exentas de procesado y por tanto llenas de “verdad fotográfica” y sin embargo las portadas de moda son falsas por definición y por tanto culpables.
“En una situación análoga se encuentran los diferentes ámbitos artísticos, esto es, mediados por el mercado.”
Así es.
El Photoshop viene a ser, al fin y al cabo, un recurso más. Dentro de la historia del Arte es muy fácil encontrar situaciones dicotómicas entre defensores de las metodologías de trabajo tradicionales, y los que ligan las nuevas técnicas y materiales como parte fundamental de su praxis artística. Ambas tendencias llevadas al extremo, a mi parecer son perniciosas. Tanto el desconocimiento de la disciplina técnica clásica como la ignorancia de los medios informáticos modernos van en detrimento de la capacidad creadora y crítica del sujeto.
Pienso que existe una diferencia entre la fotografía publicitaria y la artística, aunque en ocasiones ambas se hibriden.
La Fotografía publicitaria tiene otras presiones que no tiene la fotografía artística.
Tiene como misión fundamental el incremento de la venta; si además el fotógrafo es de calidad, llegará a crear una estética visual a modo de credo, que identificará directamente actitudes, puestas en escena, poses, e incluso codigos cromáticos y lumínicos, que penetrarán en el subconsciente del espectador-comprador generando una identificación directa de una imagen con un producto. El fotógrafo publicitario se nutre de forma mucho más clara de influencias y tendencias, sencillamente porque el medio en el que se expresa es mucho más sensible a la moda. De hecho es muy común hallar fotógrafos publicitarios que explotan el “a la manera de”, y el revival para evocar significados.
Las influencias que señalas, Molinier (y la relación con la poupée de Bellmer)y Klossowsky, creo que tal vez sí.
A mí evoca ese concepto de desglose entre el continente y el contenido, el ghost in the shell.
Por los ejemplos presentados de la obra de Molinier, dicha relación tal vez no quede demasido clarificada. En la red es difícil encontrar material suyo y mucho más poder reproducirlo. Para ello remito a su libro ‘El Chamán y los creadores’, donde aparecen ejemplos más claros de dicha relación, concretamente fotografías como ‘Sentado en el pequeño taburete’ o ‘Apoyado en el gran taburete’.
Gracias a todos por comentar.
Un saludo